Trabajar bien empieza por entender tu sitio
Entender dónde estás y cómo aportas no es un detalle menor sino que es una parte central de trabajar bien con otros.
Bienvenido, bienvenida a Rodobo, un boletín quincenal que explora cómo mejorar la forma en la que trabajamos, decidimos y colaboramos. Soy Juan Rodríguez Talavera y trabajo en la intersección entre analítica digital, CRO, estrategia de producto y experiencia de usuario.
Hace unos días, escuchando el podcast de El Sentido de la Birra con Javier Cámara de invitado, apareció una idea que se me quedó dando vueltas. No tanto por la frase concreta, sino por lo que insinuaba. La importancia de entender dónde estás, qué lugar ocupas y desde qué sitio te relacionas con los demás en cada contexto.
Y pensaba en lo poco que hablamos de esto en el trabajo, y en lo mucho que se nota cuando alguien no lo tiene claro. En equipos, en reuniones, en proyectos compartidos, la forma en la que una persona se sitúa dentro del grupo condiciona más cosas de las que solemos admitir.
No tiene que ver con jerarquía ni con títulos, sino con lectura de contexto. Con saber cuándo intervenir, cuándo acompañar y cuándo dar un paso atrás. Algo que parece sencillo, pero que en la práctica marca la diferencia entre sumar o generar ruido.
Por eso he querido escribir sobre ello. Porque entender dónde estás y cómo aportas no es un detalle menor sino que es una parte central de trabajar bien con otros, aunque casi nunca se nombre de forma explícita.
Escuchar no es esperar tu turno
Escuchar de verdad es una de las habilidades más infravaloradas en los equipos. No escuchar para responder, ni para confirmar lo que ya piensas, sino escuchar para entender qué está pasando realmente. Preocupaciones, bloqueos y para lo que necesita el grupo en ese momento en concreto.
Muchas veces entramos en las conversaciones con la respuesta ya preparada, como si fuese una lectura de guión. Con ganas de demostrar criterio, experiencia, velocidad mental pero, sin darnos cuenta, dejamos de prestar atención a lo que está pasando, los matices, las dudas de la exposición que estamos haciendo e incluso las tensiones que se generan.
Escuchar implica frenar ese impulso, aceptar que no siempre tienes que ser el primero en hablar ni el que más aporta en términos de ideas, sino que a veces aportar es ordenar, aclarar o simplemente no añadir más ruido a un contexto que ya es complejo.
Y creo que cuando alguien escucha bien, el equipo lo nota. Las conversaciones bajan de revoluciones, las personas se sienten más seguras y las decisiones suelen ser mejores. No porque haya menos opiniones, sino porque el entendimiento es compartido al haberse podido pasar la información.
Tocar para la canción, no para ti
Ricardo Moya contaba, en esa conversación con Javier Cámara, que en un grupo de música esto se ve muy claro. Hay quien toca para la canción, quien toca para el grupo y quien toca para sí mismo. No hace falta entender de música para percibirlo. Se siente cuando alguien está al servicio del conjunto y cuando alguien busca lucirse aunque eso rompa la armonía.
En los equipos de trabajo pasa exactamente lo mismo. Hay personas que saben entrar cuando toca, que respetan los tiempos y que entienden que su aportación tiene sentido solo en relación con las demás. Y hay otras que fuerzan su presencia, interrumpen o empujan ideas fuera de contexto.
Lo interesante es que muchas veces no es egoísmo sino nerviosismo, inseguridad o ganas de demostrar valor rápido. Personas que confunden visibilidad con impacto y presencia con aportación real. Y el problema es que el efecto en el grupo es el mismo, se rompe el ritmo.
Cuando alguien toca para la canción, el equipo funciona mejor aunque su nombre no sea el más visible. Y curiosamente, esa es la gente en la que más se confía a medio y largo plazo. Porque entienden que el objetivo no es destacar sino que el conjunto suene bien.
Estar preparado es leer la sala
Solemos asociar estar preparado con saber mucho, con llegar con respuestas claras o con tener una opinión fuerte. Pero estar preparado, en muchos contextos, es algo bastante distinto. Es haber leído la situación antes de actuar.
Leer la sala implica observar las dinámicas, entender quién gestiona, quién empuja hacía delante, quién soluciona problemas, quién los saca, e incluso saber quién está saturado y quién necesita espacio. Implica darte cuenta de si tu intervención suma o simplemente ocupa un espacio que ahora mismo no hace falta llenar.
También implica aceptar que tu papel puede cambiar. Que hoy te toca empujar y mañana acompañar. Que hay momentos para todo y que agarrarse siempre al mismo rol suele generar desgaste, y en muchos otros contextos, también fricción.
Creo que cuando se entiende esto, el equipo gana profundidad, las conversaciones son más sinceras, directas, y se decide desde una posición de compartir que acaba generando un clima más sano. No porque desaparezca el conflicto sino porque hay más conciencia del lugar que ocupa cada uno.
Y esto último fue muy importante para mi el último año. Entender mi papel para no frustrarme si las cosas no salen lo rápido que quiero, si algo se atasca y necesitamos trabajarlo más, e incluso entender por qué otras personas lo ven de forma diferente a cómo lo percibo yo. Y siento que esto, entender mi papel en los grupos, y el tema de la actitud que mencioné en la edición anterior, me van a acompañar muchísimo este año.
Lo último son, como siempre, un par de conclusiones
Entender dónde estás dentro de un grupo, escuchar antes de actuar y leer el contexto no es una actitud pasiva ni una renuncia al criterio propio, sino que es una forma muy consciente de trabajar con otras personas, que exige más atención y más madurez de lo que parece. Cuando alguien se mueve desde ahí, las conversaciones cambian, el ritmo se ajusta y el equipo gana en claridad, incluso aunque no haya grandes gestos ni protagonismos visibles.
También creo que merece la pena recordar que no todo comportamiento que incomoda nace del egoísmo o de la mala intención. Muchas veces nace del miedo, de la inseguridad o de no saber bien cómo encajar en un contexto concreto. Mirar eso con más calma, tanto en los demás como en uno mismo, ayuda a colaborar mejor y a generar equipos donde no haga falta competir constantemente por el espacio. Porque cuando cada persona entiende su papel y toca para la canción, algo que siempre funciona mejor.
Nuevo episodio en el podcast
Quería cerrar esta edición compartiendo algo que me hace especial ilusión. Ya tengo planificados los siguientes podcasts, con el objetivo de llegar a los 100 episodios antes de verano. No como una cifra sin más, sino como la consecuencia natural de muchas conversaciones interesantes, de tiempo dedicado a escuchar y de seguir dando espacio a reflexiones que creo que merecen hacerse con calma.
Si mientras tanto te apetece escuchar los episodios que ya están publicados, puedes encontrarlos en este enlace. Y en la próxima edición ya tendré nuevo podcast listo.
Lo que he leído y escuchado estas semanas
El Sentido de la Birra con Javier Cámara de invitado (podcast)
How your streets are making it easy (or hard) to make friends
Una frase
There is a vitality, a life force, a quickening that is translated through you into action, and because there is only one of you in all time, this expression is unique. Martha Graham


Qué bueno. Me ha encantado. Gracias por compartir ❤️