Sin obsesionarte con llegar
Solemos analizar nuestra valía personal y profesional como si todo dependiera de nuestras decisiones.
Bienvenido, bienvenida a Rodobo, un boletín quincenal que explora cómo mejorar la forma en la que trabajamos, decidimos y colaboramos. Soy Juan Rodríguez Talavera y trabajo en la intersección entre analítica digital, CRO, estrategia de producto y experiencia de usuario.
En esta ocasión quería escribir sobre la obsesión por el resultado y sobre lo poco que hablamos de lo único que de verdad está bajo nuestro control, que es el proceso que seguimos. Porque siendo sinceros, la mayoría de los objetivos que nos marcamos no dependen realmente de nosotros. Puedes hacerlo bien, puedes incluso que hacerlo muy bien, y aun así que no pase lo que esperabas. Y puedes hacerlo regular y que, por una combinación de factores externos, las cosas salgan.
Esa es una verdad incómoda que cuesta aceptar porque el problema es que solemos analizar nuestra valía personal y profesional como si todo dependiera de nuestras decisiones, cuando no es así. Y ahí empiezan las frustraciones, las comparaciones y la sensación de estar fallando incluso cuando estás haciendo lo mejor que puedes.
Sobre los procesos y lo que sí podemos controlar
Hay algo que rara vez nos cuentan, que es que muchos de los objetivos que nos ponemos dependen de factores externos que no controlamos. No controlas que un cliente te contrate, se quede, y mucho menos que te recomiende. No decides si alguien de tu equipo se queda contigo cinco años o se va en seis meses. Como tampoco existe ese botón mágico de vender más que a veces parece que deberías tener.
Y sin embargo, nos evaluamos como si todo eso dependiera de nosotros. Medimos nuestro éxito sin separar mérito de resultado. Y ese autoengaño inicial suele pasar factura cuando las cosas no salen como habíamos imaginado, porque empiezas a pensar que has hecho algo mal, cuando muchas veces lo único que ha pasado es que el contexto ha cambiado y que otras variables han pesado más.
Y creo que aceptar esto no significa resignarse ni bajar el nivel de exigencia sino que significa entender dónde poner la energía. Porque hay una gran diferencia entre responsabilizarte de lo que haces y cargarte con lo que no controlas. Y muchas veces confundimos ambas cosas. Porque en este sentido, lo único que realmente puedes controlar es cómo diseñas tus sistemas, cómo trabajas, cómo tomas decisiones, cómo te relacionas con los demás y cómo aprendes de lo que pasa. Solo así puedes aumentar las probabilidades, pero seguirás sin garantizar los resultados. Y asumir eso cambia por completo la forma en la que te enfrentas al día a día.
Diseñar sistemas en lugar de perseguir resultados
Decía James Clear en Hábitos Atómicos que cuando pones el foco solo en el resultado, todo se vuelve más frágil. Si llega, bien. Y si no llega, te frustras. Pero cuando trabajas sobre el proceso, siempre estás construyendo algo. Incluso cuando el resultado no acompaña, el aprendizaje se queda contigo.
Diseñar sistemas es preguntarte qué puedes hacer hoy para mejorar un poco la forma en la que trabajas. Cómo puedes comunicar mejor, cómo puedes escuchar más, cómo puedes tomar decisiones con menos ruido. No es tan épico como llegar a un gran objetivo pero es mucho más sostenible, porque va de tiempo, de ser constante. Y eso que un buen sistema no garantiza que llegues al objetivo, pero te permite repetir buenas prácticas, aprender más rápido y reducir la dependencia de la suerte.
He visto equipos obsesionados con métricas que no controlan y equipos centrados en procesos que sí dependen de ellos. Los segundos suelen resistir mejor los cambios, las crisis y los momentos de incertidumbre en los que no tienen toda la información, porque su identidad no está unida a un resultado puntual sino a una forma de hacer las cosas.
Y esto aplica también a nivel personal. Puedes querer cambiar de rol, crecer profesionalmente o explorar otros caminos, pero lo único que puedes trabajar de verdad es cómo te preparas, cómo aprendes y cómo te expones a nuevas experiencias. El resto llegará o no, pero tú seguirás avanzando.
Disfrutar el proceso sin romantizarlo
Hablar de disfrutar el proceso no significa idealizarlo, y tampoco quiero que suene así, porque lo que denominamos proceso es muchas veces incómodo, repetitivo y poco agradecido. Está lleno de dudas, pequeñas decisiones que parecen irrelevantes y de momentos en los que no sabes si lo que estás haciendo sirve de algo. Pero hay una diferencia importante entre aceptar esa incomodidad y vivir constantemente frustrado por no haber llegado. Y creo que cuando entiendes que el proceso es el lugar donde pasan las cosas, dejas de vivir en una espera permanente.
Disfrutar el proceso es encontrar sentido en mejorar un poco cada día, en hacer bien tu parte, aunque nadie te aplauda por ello. Es cuidar cómo trabajas, no solo qué consigues. Y eso, con el tiempo, se nota mucho más de lo que parece. Además de que cuando solo te centras en el resultado, te pierdes señales importantes. Y no ves que algo no encaja hasta que ya es demasiado evidente. En cambio, cuando prestas atención al proceso, detectas antes cuándo algo empieza a desgastarte o cuándo deja de tener sentido.
Y esto creo que también es una forma de protegerte del desgaste, de no quemar energía en cosas que no dependen de ti, y de aceptar que hay días buenos y días malos, avances y retrocesos, sin convertir cada variación en un juicio sobre lo que estás haciendo.
Soltar lo que no controlas
Una de las decisiones más difíciles y más liberadoras que personalmente he tomado es dejar de intentar controlar lo incontrolable. No desde la pasividad, sino desde la claridad, desde entender que hay cosas que no están en nuestra mano y que seguir con ello en la cabeza solo me quita energía y foco en dónde debería realmente estar.
Y no va de conformismo, ni mucho menos, sino que va de elegir bien las batallas, de invertir tu tiempo en aquello donde sí puedes marcar una diferencia, y de asumir que tu trabajo es crear las condiciones para que las cosas pasen, no garantizar que pasen. Y creo que cuando sueltas esa carga, empiezas a trabajar con más calma y pones más la atención y la intención en lo que tienes que hacer. Y eso se traduce en tomar mejores decisiones porque no estás reaccionando todo el tiempo. Y curiosamente, muchas veces los resultados mejoran, no porque hagas más cosas, más rápido, sino porque has mejorado el proceso, has mejorado el por qué.
Un par de conclusiones y despedimos febrero
Durante mucho tiempo confundí control con seguridad, pensaba que si hacía bien las cosas, el resultado tenía que llegar. Y cuando no llegaba, la frustración era doble, por el esfuerzo y por la sensación de injusticia que tenía en que no me pasaban ni me salía lo que quería.
Con el tiempo he entendido que no se trata de controlar el resultado, sino de cuidar cómo lo hago, el proceso. De diseñar sistemas que me permitan aprender, mejorar y adaptarme a lo que aprendo. Y sobre todo de aceptar que hay cosas que no dependen de mí y que no pasa nada por ello. Hacer lo mejor que puedes con lo que tienes, mejorar lo que está en tu mano y soltar el resto. Y quizá ahí, sin tanto ruido mental, es donde empiezan a pasar las cosas importantes.
Nuevo episodio en el podcast
Con Ricardo de Tomás, fundador de Driza y emprendedor también en el mundo físico con 9 Lives, una pastelería en Madrid, por la zona glorieta de Quevedo.
La conversación fue muy natural, casi como un café largo entre dos personas que llevan tiempo dándole vueltas a lo mismo desde ángulos distintos. No hubo necesidad de forzar temas, simplemente fuimos entrando en decisiones, errores, aprendizajes y en lo que realmente implica construir algo que dure.
Durante la charla hablamos, entre otras cosas, de:
Qué significa emprender en digital en un mercado saturado y cómo se trabaja la diferenciación más allá del discurso
Por qué el precio, el alcance y las expectativas mal gestionadas pueden romper una agencia antes que la falta de talento
Cómo se construye un modelo con recurrencia sin caer en la complacencia con el cliente
Qué papel juegan los procesos y la confianza para evitar el micro management en equipos
Cómo y cuándo tiene sentido abrir nuevas líneas sin caer en la dispersión
Qué cambia en tu cabeza cuando además de métricas tienes una persiana que subir cada mañana
Qué puede aprender el mundo digital del negocio físico y viceversa
Gracias por pasarte por el podcast, Ricardo.
Te dejo el episodio aquí abajo, y en este enlace.
Lo que he leído estas semanas
Una frase
Wind extinguishes a candle and energises fire. Likewise with randomness, uncertainty, chaos: you want to use them, not hide from them. Nassim Nicholas Taleb

