Bienvenido, bienvenida a Rodobo, un boletín quincenal que explora la relación entre el diseño de producto, la experimentación, analítica y las empresas. Soy Juan Rodríguez Talavera y trabajo en la intersección entre analítica digital, CRO, estrategia de producto y experiencia de usuario.
Son muchas las ocasiones en las que escuchamos que debemos salir de nuestra zona de confort. Cambiar de proyecto, asumir nuevas responsabilidades, aprender algo que no conocemos o enfrentarnos a una situación que nos obliga a trabajar de otra manera. Y estoy de acuerdo, porque hay cosas que difícilmente aprenderemos si siempre hacemos lo mismo.
Pero llevo un tiempo pensando en lo poco que hablamos de lo que pasa después. Del momento en el que aquello que nos costaba empieza a resultar más sencillo. Cuando dejamos de preparar una reunión durante horas, cuando sabemos cómo abordar un problema o conseguimos trabajar con otras personas sin tener que revisar cada tarea que hacemos.
Si hemos tenido que salir de una zona de confort para llegar a otra, ¿por qué sentimos que debemos salir de ella en cuanto tenemos cierto control? Así que en esta ocasión, me gustaría escribir sobre lo que también podemos aprender cuando conocemos nuestro trabajo y sobre la diferencia entre acomodarnos y aprovechar lo que nos ha costado conseguir.
La comodidad también se construye
A veces hablamos de la zona de confort como si fuera un lugar en el que alguien ha acabado por falta de ambición. Una situación cómoda, con pocas exigencias, de la que hay que escapar cuanto antes para seguir creciendo. Sin embargo, muchas de las cosas que hoy hacemos con tranquilidad nos exigieron bastante al principio.
La primera vez que presentamos una propuesta a un cliente seguramente necesitamos más preparación que cuando hemos hecho esa presentación muchas veces. La primera vez que tuvimos que cuestionar una decisión no supimos muy bien cómo hacerlo. Y cuando empezamos a gestionar un equipo, muchas conversaciones que hoy tenemos con normalidad nos hicieron pasar días pensando en lo que íbamos a decir.
Esa comodidad tiene una historia. Hay reuniones que salieron mal, decisiones que revisaríamos y personas de las que aprendimos. Hay trabajo, práctica y errores que nos han permitido entender mejor lo que hacemos. Que algo haya dejado de costarnos tanto también puede ser una señal de que hemos aprendido.
Por eso me cuesta aceptar que sentirnos cómodos sea, por sí solo, un problema. Me parece razonable querer aprovechar una capacidad que hemos desarrollado. Sobre todo cuando llegar hasta ahí ha requerido tiempo y un esfuerzo que desde fuera no siempre se ve.
Aprender cuando ya sabemos hacer el trabajo
Cuando empezamos en algo, buena parte de nuestra atención está puesta en conseguir hacerlo. Queremos terminar lo que estamos haciendo, preparar bien la presentación o llegar a la reunión con las respuestas que creemos que nos van a pedir. Estamos tan pendientes de nuestra parte que a veces nos cuesta ver todo lo que pasa alrededor.
Con la experiencia, algunas de esas tareas requieren menos atención. Y eso nos permite hacernos preguntas que antes no teníamos tiempo de plantear. Un analista que ya domina una herramienta puede dedicar más tiempo a pensar si está respondiendo a la pregunta adecuada. Un diseñador que conoce bien el producto puede investigar por qué un problema sigue apareciendo aunque se hayan hecho varios cambios.
También podemos revisar cómo trabajamos. Por qué pedimos determinada información, por qué una reunión necesita tantas personas o por qué repetimos un proceso que nadie recuerda haber elegido. Conocer el trabajo nos permite distinguir mejor lo que hace falta de lo que seguimos haciendo por costumbre.
Dentro de lo conocido todavía hay mucho que podemos entender mejor. Podemos ganar profundidad, mejorar nuestras decisiones y reconocer errores que antes nos pasaban desapercibidos. Para eso hace falta interés y atención, aunque no siempre haga falta cambiar de empresa, de equipo o de responsabilidad.
Aprovechar lo que nos ha costado aprender
Hay otro tema que me parece importante. A veces, justo cuando empezamos a trabajar bien, sentimos que deberíamos buscar lo siguiente. Como si dominar una parte del trabajo fuera una señal de que ya hemos terminado con ella y permanecer un tiempo más significara perder una oportunidad.
Pero haber conseguido algo no significa haber aprovechado todo lo que permite hacer. Puedes haber aprendido a dirigir una reunión y todavía tener mucho que mejorar para que las personas participen. Puedes saber presentar una propuesta y necesitar más experiencia para explicar su valor, escuchar las objeciones y modificarla cuando alguien señala algo que no habías considerado.
También hay aprendizajes que necesitan tiempo. Cuando llevas varios años en un proyecto puedes ver qué ocurrió con una decisión que parecía buena, cómo cambió una necesidad o por qué una solución dejó de funcionar. Si siempre estamos empezando en otro sitio, algunas de esas consecuencias las conoceremos solamente por lo que nos cuenten los demás.
Quedarnos nos da la oportunidad de comparar lo que pensábamos con lo que acabó pasando. De corregir, de probar otra forma de hacerlo y de asumir la parte que nos corresponde. Y esa experiencia puede enseñarnos bastante sobre nuestro trabajo, aunque desde fuera parezca que seguimos haciendo lo mismo.
Estar en la comodidad y dejar de preguntarse
Por supuesto, también entiendo el argumento de quienes insisten en salir de la zona de confort. Hay momentos en los que lo conocido se convierte en una excusa para evitar cualquier cambio. Dejamos de escuchar otras formas de trabajar, rechazamos propuestas porque nos obligan a aprender o damos por hecho que nuestra experiencia es suficiente para resolver cualquier situación.
Me parece que el problema empieza ahí. Cuando dejamos de preguntarnos si lo que hacemos sigue siendo útil. Cuando “siempre lo hemos hecho así” se convierte en la respuesta habitual o cuando elegimos únicamente las tareas en las que sabemos que vamos a quedar bien.
Porque podemos estar cómodos en un proyecto y seguir abiertos a que alguien cuestione nuestras decisiones. Podemos conocer bien una disciplina y reconocer que hay una parte que no entendemos. Y también podemos cambiar de trabajo cada poco tiempo y repetir las mismas ideas sin revisarlas demasiado.
Por eso, antes de pensar en salir, encuentro útil preguntarnos qué estamos haciendo con esa comodidad. Si nos permite trabajar mejor, ayudar a otras personas y prestar atención a problemas que antes no veíamos, tiene valor. Si nos sirve para evitar cualquier pregunta que nos incomode, probablemente haya algo que revisar.
Salir cuando hay algo que merece la pena aprender
Estoy de acuerdo en que de vez en cuando necesitamos hacer cosas que no dominamos. Participar en una conversación en la que tenemos menos experiencia, asumir una responsabilidad distinta o trabajar con personas que entienden los problemas de otra manera. Son situaciones que pueden hacernos ver los límites de lo que sabemos.
Pero me parece útil pensar para qué damos ese paso. Qué queremos aprender, qué problema queremos resolver o qué posibilidad nos gustaría explorar. Decirle a alguien que tiene que salir de su zona de confort, sin concretar nada más, aporta bastante poco. Especialmente si esa persona acaba de superar una etapa difícil y necesita tiempo para trabajar con algo más de tranquilidad.
Además, no siempre hace falta un cambio grande. Podemos seguir en el mismo equipo y participar en una parte del proyecto que conocemos menos. Pedir a un compañero que revise una decisión. Probar una forma de investigar distinta o acercarnos a una conversación de negocio en la que normalmente no estamos.
La experiencia que ya tenemos puede ayudarnos a hacerlo. Conocer una parte del trabajo nos permite dedicar más atención a otra que todavía no dominamos. Así podemos elegir qué dificultad queremos asumir y entender mejor lo que aprendemos durante el proceso.
Dar tiempo a lo que hemos conseguido
Creo que también necesitamos aprender a reconocer nuestros avances. A aceptar que una tarea nos salga mejor, que una responsabilidad deje de asustarnos o que hayamos encontrado un equipo con el que da gusto trabajar. No todo momento de tranquilidad necesita convertirse inmediatamente en un nuevo reto.
Eso no significa que vayamos a quedarnos ahí para siempre. Significa que podemos dedicar un tiempo a entender qué hemos aprendido, cómo aplicarlo mejor y qué podemos compartir con los demás. Después quizá aparezca una pregunta, una oportunidad o una necesidad que nos lleve a salir de nuevo.
Si nos ha costado tanto llegar a una nueva zona de confort, también merece la pena aprender a estar en ella. Seguir observando, haciendo preguntas y mejorando el trabajo desde un lugar que conocemos. Porque una parte de crecer consiste en atrevernos con lo que todavía no sabemos hacer, y otra en aprovechar bien lo que ya hemos aprendido.
Nuevo episodio en el podcast
Con Raquel López Vázquez.
Raquel cuenta con una larga trayectoria en investigación de medios y actualmente trabaja como profesional independiente en investigación creativa y diseño estratégico, colaborando especialmente con entidades sociales y proyectos de impacto social.
Las entidades sociales suelen tener una enorme cercanía con las personas y un conocimiento profundo de los problemas sobre los que trabajan. Sin embargo, el peso del día a día y la falta de recursos pueden dificultar que encuentren el tiempo necesario para investigar, tomar perspectiva y convertir todo ese conocimiento en decisiones estratégicas.
Con Raquel quise hablar sobre el papel que pueden tener la investigación y el diseño en ese proceso, desde la definición del problema hasta la medición del impacto de las soluciones.
Entre otros temas hablamos de:
La diferencia entre lo que creemos que necesitan las personas y lo que verdaderamente necesitan
Qué significa diseñar con las personas y darles capacidad para influir en las decisiones
Cómo mirar más allá de la parte visible de un problema antes de proponer una solución
Cómo medir el impacto de una investigación más allá de haber entregado un informe
Qué hacer cuando un problema supera la capacidad de actuación de una organización
Cómo convertir historias, necesidades y aprendizajes en una estrategia
Qué significa innovar en organizaciones que trabajan con recursos limitados
Qué particularidades tiene investigar para una entidad social
Qué pueden aprender las empresas de la cercanía y la forma de trabajar de estas entidades
Muchísimas gracias por tu tiempo, Raquel.
Te dejo el episodio aquí abajo y en este enlace.
Lo que he leído/escuchado estas semanas
Una frase
Ask of any proposed change or innovation: “What will this do to our community? How will this affect our common wealth?”. Wendell Berry
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Nada más, por ahora. Nos leemos en la próxima edición.
Gracias.

